Una presencia inconstante
es peor que la ausencia.
Prefiero que no estés del todo
a que entres y salgas de mi vida
como quien entra y sale de una tienda de recuerdos:
lo tocás todo,
pero no te quedás nunca con nada.
Quizás no conozcas el valor,
o tal vez no tengas el coraje
de pagar el precio.
No lo sé.
Me pierdo en una metáfora ridícula,
porque en realidad lo que quiero decir
es que no sabés quedarte,
ni yo sé pedírtelo,
y ninguno de los dos sabemos soltarnos.
Quizás tampoco sepamos estar,
sólo tal vez en esos momentos
en que tus estrellas y las mías
se alinean en la misma galaxia.
Cuando sucede, todo explota.
La intensidad, tu cuerpo, el mío.
Pero cuando no,
sólo hay vacío,
y silencio,
y una presencia a medias,
un estar incompleto,
que sólo sabe a ausencia.
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