miércoles, 4 de enero de 2017

Trazo XXXI

Me acostumbré a tu atención especial como más tarde me terminé por acostumbrar a tus idas y vueltas, tu intolerancia, tu sutil -y veces no tanto- manipulación.
No tenías valor para quererme y menos aún para dejarte querer.
Exigías y demandabas lo que no eras capaz de dar, pero no soportabas no tenerlo.
Mi ternura te sorprendía, mi entrega te incomodaba. No la entendías. No me entendías.
Y yo no te entendía vos. Y nunca nos entendimos.

Recorte 34

Me hice adicta al vértigo que supone el temblor de un amor que nunca hace suficiente equilibrio entre la calma y la tormenta.