Me hice adicta
al vértigo que supone
el temblor de un amor
que nunca hace suficiente equilibrio
entre la calma y la tormenta.
al vértigo que supone
el temblor de un amor
que nunca hace suficiente equilibrio
entre la calma y la tormenta.
Te confundí
con el viento,
pero eras
el huracán.
Lo sé,
porque de este naufragio
no quedan ni los restos.
Siempre me gustó jugar con los límites.
Lo sabías,
pero quizás nunca entendiste
que sin vos,
el juego perdía toda la gracia.
Me hice adicta al vértigo que supone el temblor de un amor que nunca hace suficiente equilibrio entre la calma y la tormenta.