lunes, 30 de abril de 2018

Recorte 20 - Gente estación II

Te metías adentro mío
con la desesperación desenfrenada
de quien sabe que no va a encontrar
lo que está buscando
pero no puede dejar de buscarlo.

En el revoltijo de calor y sábanas de mi cama
me desdibujabas,
me convertías en una sombra,
en una muñeca de trapo,
desarmada entre tus brazos.
Y acababas, pero sin llegar nunca.
Y acababas, dejándome partida como una rama seca.
Y acababas, apenas entibiado
porque no había fuego
que calentara la escarcha que te cubría la piel y el alma,
porque siempre llovías,
porque la ventisca de tu mente no cesaba nunca,
porque tenías el invierno más adentro que los huesos.

Buscabas el calor pero llevabas el frío prendido en los dedos,
y yo tan otoño me quedé sin hojas para desnudarme.

Y en mi afán de prenderte me apagué.

martes, 24 de abril de 2018

Recorte 19 - Gente estación

I. El invierno me gusta, 
pero no en las personas.

II. Hay demasiada gente que es invierno,
que convierte en escarcha cualquier llama, 
que te congela la piel y te hace castañetear los dientes de frío,
que te deja tiritando en una esquina sin abrigo.

Hay gente que es nieve que nunca se derrite,
que con la ferocidad de un vendaval te arrastra
y te deja estaqueada en cualquier patio,
desnuda y a la intemperie.

Hay gente que es más peligrosa que la hipotermia,
que es alud,
que es hielo,
que es granizo.

III. Pensé que cualquier tarde de domingo con lluvia y el termómetro de mi casa bajo cero,
iba a poder acurrucarme entre tus brazos,
que el ritmo de tu corazón le iba a imprimir calor a mi soledad,
que íbamos a poder compartir el café caliente, la siesta en el sillón 
y el revuelo de sábanas en mi cama. 

Pero no.
Hacía más frío a tres centímetros de tu piel que afuera de la ventana de mi cuarto, 
con la lluvia y el bajo cero.
El café se hizo escarcha entre mis manos,
en mi cama no hubo revuelo de sábanas porque el revuelo se hace de a dos
y no éramos dos:
sólo estaba yo, buscando calor;
y apenas estabas vos, autómata, gélido y polar, 
con cada caricia y cada embestida
dejabas estalactitas clavadas en mi piel. 

Me gusta el invierno, pero no en las personas.
Y en vos no había invierno.
Vos eras el invierno.


IV. Estoy tiritando, tengo los labios azules y no siento el corazón.
No quiero morirme de frío.

jueves, 19 de abril de 2018

Recorte 18

"Perdón,
no quise hacerte daño,
no sé querer sin lastimar,
no sé querer porque
nadie me enseñó a quererme"

Lo que querías decirme,
pero no tuviste el valor.
Lo que necesitaba escuchar,
pero me quedé sólo con el dolor.

martes, 17 de abril de 2018

Recorte 17 - Laberinto

Tu recuerdo se hizo trizas entre mis manos,
pero cuando algo se rompe no significa que desaparezca.
Sólo se hace pedazos más pequeños que se esparcen por el suelo,
y entonces corro el riesgo de clavármelos en los pies cualquier madrugada
en la que el insomnio me mantiene dando vueltas por las habitaciones de mi casa,
buscando en las sombras algún indicio de tus besos, de tu presencia,
aunque tan sólo sea el eco de los gemidos que le arrancabas a mi cuerpo
con tus caricias.

Pero la noche pasa,
se cuela el sol por entre las rendijas de mi persiana,
y ya no quedan ni vestigios de tus manos,
ni las partículas de tu perfume,
ni las ondas vibratorias de tu voz.

Sólo quedan los pedazos,
esparcidos como un rompecabezas,
y mis pies ensangrentados
dibujando sobre el suelo
el laberinto de tu ausencia.



jueves, 5 de abril de 2018

miércoles, 4 de abril de 2018

Recorte 14 - Tienda de recuerdos

Una presencia inconstante
es peor que la ausencia.
Prefiero que no estés del todo
a que entres y salgas de mi vida
como quien entra y sale de una tienda de recuerdos:
lo tocás todo,
pero no te quedás nunca con nada.
Quizás no conozcas el valor,
o tal vez no tengas el coraje
de pagar el precio.

No lo sé.

Me pierdo en una metáfora ridícula,
porque en realidad lo que quiero decir
es que no sabés quedarte,
ni yo sé pedírtelo,
y ninguno de los dos sabemos soltarnos.

Quizás tampoco sepamos estar,
sólo tal vez en esos momentos
en que tus estrellas y las mías
se alinean en la misma galaxia.

Cuando sucede, todo explota.
La intensidad, tu cuerpo, el mío.

Pero cuando no,
sólo hay vacío,
y silencio,
y una presencia a medias,
un estar incompleto,
que sólo sabe a ausencia.

Recorte 34

Me hice adicta al vértigo que supone el temblor de un amor que nunca hace suficiente equilibrio entre la calma y la tormenta.