sábado, 16 de diciembre de 2017

Recorte 7 - Las intenciones nunca alcanzan

Volvés a mi lado porque en mí encontrás todo lo que tus amores de turno no te pueden dar: la piel trémula y los labios sinceros.
Y es que yo nunca te mentí, no busqué complacerte ni decirte lo que querías escuchar. Hoy creo que era eso lo que te alejaba y te atraía a mí como los polos magnéticos de un imán: la sinceridad descarnada con la que me mostraba ante vos, con la que te hablaba y te contaba lo que sentía y lo que pensaba.
Nunca aprendí a medir ni la intensidad de mi entrega ni lo que daba: siempre juego todas mis cartas, a riesgo de quedarme con las manos vacías.

Entonces no me mires como si tuviese un océano entero en la mirada si después vas a buscar otros mares para sumergirte, con la misma facilidad con la que a mí me cortás la respiración cada vez que me tocás.
No me vendas espejitos de colores, porque yo los hilvano todos con mi ilusión y me hago collares, y después me aprietan la garganta y no me los puedo quitar.
No necesito que me endulces el té con las palabras bonitas que no sentís, prefiero tomarlo amargo si lo que estoy saboreando es la verdad.

Mis brazos son pequeños y frágiles, quizá me veas menuda, pero este cuerpo ha aguantado más tormentas y aludes de los que puedas imaginarte. No hay nada que puedas decirme que me parta al medio sin remedio, las máscaras me quedan demasiado chicas y hoy prefiero una verdad amarga a una mentira edulcorada (aunque las intenciones sean buenas).
Es más fácil decirme que no me querés isla para quedarte, sino playa para encallar en el verano. Así tal vez deje de esperarte en mis inviernos.

jueves, 24 de agosto de 2017

Recorte 6 - Escaleras

Te regalo mi sangre.
Pero ven buscarla,
porque sale a borbotones
de los cortes en mis brazos,
y mis piernas ya no tienen fuerza para sostenerme.

Me sacas los escalones,
pero sigo subiendo la escalera.
¿Dónde apoyo los pies?
No importa,
caí tantas veces que ya sé levantarme
(aunque cada vez se me muera un poco más el corazón)

No me mientas,
pero no me hieras
con tu verdad de hiel.
Sácate la piel del lobo,
pero no te pongas el disfraz de oveja.
Conozco a los predadores,
no me hagas decirlo en voz alta.
Si tengo que disparar para defenderme, otra vez,
no sé si tendré la puntería necesaria.

¿Que no me entiendes dices?

Claro que no, si nunca te probaste estos zapatos agujereados.
Los tuyos te protegieron del frío.
Yo ya no puedo dormir sin medias.

Y si te sigo buscando,
es que ya no sé dónde encontrarme.

Si te digo que te quiero,
¿serviría de algo?
Y aunque no, te lo diría igual,
cada te quiero en silencio
es grito ensordecedor que me lastima los oídos.

Te quiero porque a veces no me quiero,
porque es más fácil quererte que quererme.
Si me quisiera, ¿te querría?

jueves, 10 de agosto de 2017

Recorte 5

Sos el libro que leí de niña,
que hace un hueco en mi biblioteca (por más pretencioso que suene),
que no viene con segundas ediciones
y que no se consigue ni aunque camine de noche los pasillos de Parque Rivadavia.

viernes, 28 de julio de 2017

Recorte 4 - Vístete

Sin dejarlo de mirarlo fijamente, dejó caer el vestido. Su ropa interior, negra y con delicados encajes, hacía que su piel pálida pareciese aún más blanca.
Él notó que a pesar de la fiereza de su mirada, ella temblaba. Pero no dejaba de mirarlo, desafiándolo con sus grandes y almendrados ojos azules.
Toda ella era entrega, deseo, miedo y dolor. Pero hacía fuerza para no dejar traslucir lo frágil que se sentía, para que su mirada insinuante le resultara irresistible y la tomara allí mismo.
Él la recorrió intensamente con la mirada brillante, de arriba a abajo.
-No-dijo con firmeza.
Ella parpadeó sorprendida y sus pupilas se trasformaron en un signo de pregunta.
Se acercó y pegó su cuerpo menudo contra el de él, fuerte como una roca. Le besó el cuello.
-No-repitió él, apartándola suavemente.
Los ojos de ella se llenaron de lágrimas de rabia.
-¿Por qué? ¿No soy lo suficientemente buena para ti?-gritó, y comenzó a llorar, golpeándole el pecho con los puños.

Él la firmemente tomó por las muñecas, y la miró a los ojos.
-Te entregas a mí porque crees que es lo único que me interesa de ti. Si así fuese, no estaría contigo. Me sería muy fácil conseguir esto en cualquier otro lado. Estoy aquí por ti. Y te respeto. No seas la única de los dos que no lo hace.

sábado, 13 de mayo de 2017

Recorte 3

Que el viento se lleve tu nombre
tus ojos, tu piel, tus brazos y tu risa
Que la lluvia te moje la cara,
el corazón y la certeza
Que te duelan mis caricias
y el hueco que te dejaron mis manos

Recorte 2

No pude ponerte límites
Entraste, y lo abarcaste todo
lo bueno, lo malo
Cerraste heridas y abriste otras
otras nuevas
donde no sabía que podía doler,
doliste sin piedad

Recorte 1

Ése fue el día en que morimos.
El viento se llenó de cenizas
Mi voz se volvió gris
Nunca más paró de llover

lunes, 27 de febrero de 2017

Trazo XXXII - Último trazo

Vi una foto tuya, con una guitarra en la mano.
Ya había visto otras fotos parecidas; te vi también tocando la guitarra cerca mío, vestida sólo con tu camisa, después de haber dormido juntos.
Pero cuando vi esa foto, te vi de verdad.
Por primera vez. Y al verte de verdad, te solté.
Te dejé ir, te expulsé, te exorcisé, te vomité.

Nunca fuiste quien yo creía que eras.
Pensé que ya lo sabía, que ya me había dado cuenta,
que por eso un día eliminé toda posibilidad de contactarnos otra vez.

Pero estaba equivocada, no lo sabía, y por eso todavía te pensaba a veces,
te extrañaba a veces, te deseaba a veces, te dedicaba versos a veces.
No lo sabía.
Creo que no quería saberlo, que saberlo implicaba reconocer mi error, mi inocencia, mis ganas desesperadas, enfermas y frágiles de aferrarme a la indefensión y al veneno.

Entendí que me seguías doliendo,
que habían quedado tus palabras, tus manos y tu voz como una espina en mi pecho.
Que aún esperaba un último adiós, un encuentro fortuito, una redención.

Ya había seguido mi camino,
ya había conocido un amor sano y fuerte,
ya había dado vuelta la página.

Pero seguía dejando un marcador,
una esquina doblada en la hoja,
por si acaso.

¿Por si acaso qué?
¿Que me dijeras un día que todavía me querías, que había dejado una huella en tu vida?
¿Por si acaso yo tuviese la oportunidad de demostrarte que ya no te necesitaba?
Qué ilusa. No hay por si acaso.
Cuando te vi, el punto final fue el final de los finales.

Ya no tengo que demostrarte (me) nada. No hace falta, no hacés falta.
No sirve, nada que puedas hacer o decir, o no hacer o no decir, sirve de algo.

Porque te vi.
Tóxico, manipulador, egoísta, vacío, superficial, triste.
Y yo ya no estoy triste,
y yo no soy egoísta,
y no estoy vacía,
y la manipulación no va conmigo,
la toxicidad no va conmigo.

Cuando todavía no lo sabía,
cuando todavía dejaba la hoja del libro marcada por si acaso,
aún podía usar tu recuerdo para
escribir versos, para destilarte en palabras.

Ahora ya ni eso.
Ahora este es el último trazo que lleva tu nombre.

miércoles, 4 de enero de 2017

Trazo XXXI

Me acostumbré a tu atención especial como más tarde me terminé por acostumbrar a tus idas y vueltas, tu intolerancia, tu sutil -y veces no tanto- manipulación.
No tenías valor para quererme y menos aún para dejarte querer.
Exigías y demandabas lo que no eras capaz de dar, pero no soportabas no tenerlo.
Mi ternura te sorprendía, mi entrega te incomodaba. No la entendías. No me entendías.
Y yo no te entendía vos. Y nunca nos entendimos.

Recorte 34

Me hice adicta al vértigo que supone el temblor de un amor que nunca hace suficiente equilibrio entre la calma y la tormenta.