No te
quise esperar y acá estoy, esperándote.
No te quise perdonar y acá estoy, perdonándote.
No te quise dar más y acá estoy, dándote.
No te quise querer y acá estoy, queriéndote.
Me hice adicta al vértigo que supone el temblor de un amor que nunca hace suficiente equilibrio entre la calma y la tormenta.