Hoy miré al cielo.
La luna está llena:
como mis ganas de vos,
como mi piel de tus manos,
como mi vacío de tus ausencias.
La luna está llena:
como mis ganas de vos,
como mi piel de tus manos,
como mi vacío de tus ausencias.
Eras una herida abierta,
y yo me empeñaba en abrirla más para encontrarte,
aunque sólo fuera doliendo.
Y es que doler es tu forma de estar,
no sabías querer sin lastimar,
aunque el primero en resultar herido fueras vos.
Me hice adicta al vértigo que supone el temblor de un amor que nunca hace suficiente equilibrio entre la calma y la tormenta.