Sin dejarlo de mirarlo fijamente, dejó caer el vestido. Su ropa interior, negra y con delicados encajes, hacía que su piel pálida pareciese aún más blanca.
Él notó que a pesar de la fiereza de su mirada, ella temblaba. Pero no dejaba de mirarlo, desafiándolo con sus grandes y almendrados ojos azules.
Toda ella era entrega, deseo, miedo y dolor. Pero hacía fuerza para no dejar traslucir lo frágil que se sentía, para que su mirada insinuante le resultara irresistible y la tomara allí mismo.
Él la recorrió intensamente con la mirada brillante, de arriba a abajo.
-No-dijo con firmeza.
Ella parpadeó sorprendida y sus pupilas se trasformaron en un signo de pregunta.
Se acercó y pegó su cuerpo menudo contra el de él, fuerte como una roca. Le besó el cuello.
-No-repitió él, apartándola suavemente.
Los ojos de ella se llenaron de lágrimas de rabia.
-¿Por qué? ¿No soy lo suficientemente buena para ti?-gritó, y comenzó a llorar, golpeándole el pecho con los puños.
Él la firmemente tomó por las muñecas, y la miró a los ojos.
-Te entregas a mí porque crees que es lo único que me interesa de ti. Si así fuese, no estaría contigo. Me sería muy fácil conseguir esto en cualquier otro lado. Estoy aquí por ti. Y te respeto. No seas la única de los dos que no lo hace.