Lunes 11. Hoy vi el amanecer en la ruta. El
cielo parece una pintura tan bella que hasta las que están colgadas en el
Louvre parecen garabatos de infantes. El verde de los árboles contra el azul
brillante del cielo es alucinante. Me gustaría prestarte mis ojos y que lo
vieras.
Martes 12. Subir una sierra, aunque pequeña, te
ofrece una visión que te quita el aliento. Hay tanta belleza alrededor.
Cualquier dolor parece menos cruel mirando esos gigantes de tierra y verde que
soportaron hasta las peores inclemencias del tiempo y hoy están ahí, imponentes
y hermosos.
Quiero
decirte tantas cosas. Y a la vez quiero mirarte y no decirte nada. Hoy me
duele.
Miércoles
13. El mar se
traga cualquier palabra que uno pueda usar para describirlo. Inmenso y
maravilloso. Y es sólo agua. No puedo dejar de mirarlo.
Hoy
escuché Hero of war, de Rise Against. Pensé que te gustaría.
Hoy duele
un poco menos. Y molesta un poco más.
Jueves 14. Hay tantas cosas hermosas para ver.
Tanto que quisiera dejar los ojos en esos paisajes, y a la vez evito mirarlos
demasiado porque siento que jamás podría serme suficiente contemplar tanta
belleza.
Haciéndome
la aventurera por el interior de un bosque en una sierra pequeña pensé cuánto
me gustaría vivir ahí, tirarme todas las tardes a leer un libro al lado del
arroyo.
No pienso
perderme ninguna oportunidad de hacer algo nuevo: alquilar una bicicleta y
andar cuesta arriba por la villa, abajo de la lluvia, a un lado la visión
espectacular de las sierras recortadas contra el cielo gris. Los truenos me
daban un poco de miedo, las piernas me pesaban, pero estaba contenta y
orgullosa de mí misma.
Te pensé
poco. Pero se hizo más difícil cuando la lluvia paró, al crepúsculo, y estaba
todo quieto y silencioso. Salimos a caminar y me sentí triste. Empecé a
extrañarte, no sé si por estos pocos días que no hablamos o porque no puedo
evitar extrañarte ya por adelantado. O porque no sé qué va a pasar. Y no
me gusta no saber qué va a pasar.
Se me
ocurrió la idea absurda de que no tengo ganas de extrañarte, porque no tengo
ganas de tolerar ningún sufrimiento más. Aunque sea algo inevitable.
Hay tantos
cielos increíbles que quisiera mostrarte.
Pero igual
estoy enojada, quizás sólo te mostraría un cielo gris de lluvia, encapotado de
frustración.
Viernes 15. Siempre que vuelvo de hacer algún
viaje, ese mismo día, tengo una sensación de vacío y de tristeza. Un amigo me
dijo una vez que es normal. El recuerdo de esa conversación está atado a la
palabra Fernweh. La definición que más me gusta es: an ache for distant
places, the craving for travel.
Cada vez
creo más que soy la clase de personas que nunca disfrutan nada del todo, porque
siempre algo les duele. Pero que incluso cuando todo es dolor, son
capaces de encontrar belleza y alegría.
Quisiera
romper el silencio ahora mismo, pero sé que sumida en esta nostalgia pos viaje,
sumida en el fernweh, no tomo las decisiones más lúcidas. No estoy lo
suficientemente fuerte. Ni tengo las cosas lo suficientemente claras.
Enero 2016
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